Reportaje fotográfico del quinario. Entrevista a Fray Ricardo.

REPORTAJE QUINARIO 

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ENTREVISTA A FRAY RICARDO DE CÓRDOBA

«He olvidado a algunas cofradías que a mí me han olvidado»

 

24 mar. 2017. ABC (Córdoba)    R. C. M. CÓRDOBA

El capuchino, ahora en Jerez, habla de sus recuerdos de la ciudad y sus hermandades

Diseños «Yo sé lo que hice para Córdoba, y además lo hice gratis. Ahora todo se cobra y se hace por ordenador»

Su presencia marcó la Semana Santa de la ciudad durante más de dos décadas. Ahora Fray Ricardo de Córdoba ha vuelto para predicar el quinario de Jesús Caído, y aprovecha para elogiar la flamante restauración: «No ha perdido su encanto y su belleza de antigüedad que tiene en la cara. El restaurador por muy técnico y frío que sea tiene que tener consideración de que a la imagen que tiene por delante le ha rezado el pueblo y el tiempo».

—¿Cómo se siente cada vez que vuelve a Córdoba?

—Me siento muy bien. Yo siempre firmo como Fray Ricardo de Córdoba y allá donde esté Córdoba siempre va conmigo o la represento. Mis apellidos son muy bonitos pero siempre llevo por delante lo de Fray Ricardo de Córdoba, como franciscano y como cordobés.

—Durante estos días está predicando el quinario en honor a Nuestro Padre Jesús Caído, la hermandad de su padre. ¿Qué se siente?

—El Caído era la hermandad de mis tíos y de mi padre, y aunque no he tenido mucho trato con ella es una cofradía a la que he querido mucho desde pequeño, ya que estudié en el colegio Virgen del Carmen. Al estar estos días junto a los carmelitas se me vienen a la cabeza un montón de recuerdos. Durante estos días de quinario en San Cayetano podía decir de memoria el nombre de al menos 50 carmelitas, porque los he conocido, han sido profesores míos y me llevaban delante de la Virgen del Carmen, de Jesús Caído y de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. De alguna manera estoy reviviendo los recuerdos que siempre he tenido dentro de mí.

—En los años 80 y los 90 dejó su impronta en la Semana Santa de Córdoba. ¿Marcó un antes y un después?

—Ya unos cuantos años antes había trabajado mucho para las hermandades cordobesas. ¿Que si he dejado una impronta en la Semana Santa de Córdoba? Eso lo deberán de decir los cordobeses. Yo sé lo que hay en Córdoba de mi autoría, que además lo hacía gratis. Ahora todo se cobra y todo se hace por ordenador. Yo si encargo una imagen a un escultor que la talla y hace un modelado en barro primero quiero algo original. Si se la encargo a un pantógrafo, éste hará una cosa mecánica. En Semana Santa hay muchos proyectos hechos muy técnicamente pero no artísticamente, y yo, recalco, no he cobrado nunca ni a hermandades de Córdoba ni de fuera. De hecho, ahora estoy dibujando dos mantos grandes; uno para una hermandad de Cádiz y el otro aún no puedo decirlo. En mi madurez artística estoy dibujando casi todo para fuera de Córdoba.

—¿Qué ha cambiado del Fray Ricardo de aquellos años al de ahora?

—Que soy más viejo. Tengo ya 70 años. En mis dibujos tengo la experiencia de la madurez. Ahora las cosas se miran con otros ojos y con otro dominio del criterio del proyecto.

—Actualmente se encuentra en Jerez ¿Cómo le han recibido las hermandades jerezanas?

—Yo me encuentro en Jerez muy a gusto. Tengo mucho trabajo y me relaciono con muchas cofradías. Además tengo ya dos palios dibujados en Jerez, sin terminar aun.

—Cómo ve en la distancia la Semana santa de Córdoba?

—Prácticamente ya no vengo a Córdoba, sólo a predicar. Este año sin embargo voy a venir el Lunes Santo para acompañar a la Virgen de la Merced, que ahora cumple 40 años. La Virgen la encargamos nosotros a Buiza. Ahí fui yo protagonista, no sólo en la realización de la Virgen, sino que también en la ejecución del palio.

—En los últimos años se ha producido una gran evolución de la Semana Santa cordobesa ¿Cómo la ve?

—Muy bien. Además el tema de conquistar la carrera oficial en la Mezquita-Catedral creo que es una cosa muy positiva, aunque habría que analizar otras. Pero en general muy bien.

—¿Qué siente al saber que las hermandades de la ciudad harán estación de penitencia en la Catedral?

—Yo lo voy a vivir Dios mediante con la cofradía de la Merced. De hecho, la otra vez que fue la hermandad de la Merced a la Catedral fue hace muchos años, cuando aún salía en la Madrugada. Que las hermandades hayan aprobado esta nueva carrera oficial me parece muy bien, aunque un poco tarde. Era una triste pena que en todas las Semanas Santas de Andalucía las hermandades fueran a sus catedrales y Córdoba ha sido la última en hacerlo. Pero, bueno, más vale tarde que nunca.

—¿Qué cambiaría y que dejaría de la Semana Santa cordobesa?

—Yo no puedo hablar de eso, porque ya no tengo funciones aquí. Yo respeto lo que están haciendo. Aquí por ejemplo madrugada no hay, sólo una cofradía de silencio que no atrae. Sería bueno intercalar dos hermandades con música entre esa hermandad de silencio, pero Córdoba no es capaz, a pesar de tener 40 cofradías. En Jerez salen 12 magníficos pasos en la Madrugá. Jerez es una maravilla de Semana Santa. Sevilla siempre ha tenido mucha influencia, aunque ahora también hay que mirar a Málaga. Diría que tiene incluso más poder que Sevilla a día de hoy.

—¿Cree que las hermandades cordobesas se han olvidado de usted?

—Hay de todo. También yo me he olvidado de algunas cofradías que a mí me han olvidado. Las cofradías deben tener la clase y la categoría humana de no olvidar a nadie. Están para atraer, ganar prosélitos, no para olvidar a gente que ha trabajado por ellas. Ahí hay alguna deficiencia de educación o de comportamiento cristiano. Lo que pasa es que yo soy hermano de 52 cofradías de Andalucía y estos días es la primera vez que le predicó al Caído de los toreros, y no soy hermano, pero sí soy hermano de las dos cofradías toreras de Sevilla: Baratillo y San Bernardo. Con esto que le digo, ya puede deducir. Cofradías que he trabajado por ellas deberían de tener algo más de memoria. Lo que falta en muchas cofradías de Córdoba es gente con estilo. Yo me he sentido muy querido por algunas cofradías de Córdoba, y las que no, esas caen en el olvido, lo mismo que un árbol que reflorece no recuerda las hojas que cayeron en el otoño.

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