HERMANDAD DE JESÚS CAÍDO

ENTREVISTA A FRANCISCO J. JAÉN

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Provincial de los carmelitas descalzos

Francisco Javier Jaén: “Si mañana no hay más vocaciones, estaremos en situación preocupante”

El responsable de la orden religiosa se distancia del debate sobre Educación para la Ciudadanía y afirma que “un profesor de Historia puede enfocarla según su ideología y no se ha levantado nunca polémica”.

EL DIA. Jesús Caldera, Córdoba | 06.04.2008

 

El capítulo provincial de los carmelitas descalzos decidió la pasada semana que un cordobés se encargase en los próximos tres años de estar al frente de esta orden religiosa en Andalucía y Badajoz. Francisco Javier Jaén desempeña esta responsabilidad desde el convento de San Cayetano, sede de la curia provincial y la casa donde ha pasado buena parte de su vida.

–¿Manda mucho un provincial?

–La labor de un provincial es coordinar la labor de las distintas casas que están en su circunscripción. Esto implicar que si hay parroquias hay que coordinar a los párrocos, los colegios de Córdoba y San Fernando, las casas de culto de Sevilla y las de formación –como las de Úbeda o Granada–, la de oración de Las Ermitas y el centro de espiritualidad en Úbeda. El objetivo es que todas las casas funcionen bien, que haya unión entre ellas, porque la vocación es la misma estés en un colegio o en una parroquia. Que los frailes se identifiquen con la misión que se les encomienda y lo realicen lo mejor posible. Cuando nos dan un cargo, se nos dice que hemos sido escogidos para un oficio, para un trabajo. Entonces, hay que realizarlo lo más dignamente posible.

–¿Cuál es el estado de salud de la orden de los carmelitas descalzos en Andalucía?

–Hoy, bien; mañana, si no hay más vocaciones, entraremos en una situación preocupante.

–¿Qué plazo tiene ese mañana?

–Cuando me eligieron como provincial me propuse la promoción vocacional. Quisiera al final del trienio decir que el futuro es alentador y que las vocaciones crecen.

–¿Qué ofrece a la juventud una orden como ésta?

–Todos los campos que ofrece la pastoral de la Iglesia: la enseñanza, la actividad parroquial, realizar esa búsqueda que muchos jóvenes tienen de encuentro con Dios, la posibilidad de trabajar con jóvenes, con niños, en casas de retiro. Abarcamos parroquias, colegios, casas de culto, casas de oración y cofradías. No sólo tenemos la casa del Carmen, sino hermandades de penitencia, como es el caso de Jesús Caído en Córdoba o del Santo Entierro en San Fernando.

–¿Hay vocaciones en las órdenes religiosas?

–Las órdenes religiosas estamos ahora todas prácticamente igual. Donde sí hay un auge es en los seminarios. Por lo que he podido constatar, y por lo que sé del obispo de Córdoba, es que los seminarios, sobre todo los de Córdoba, Sevilla y Jaén, tiene un auge vocacional muy bueno.

–¿Cómo se compagina la vida religiosa con la obligaciones de la enseñanzaa?

–Pues bien. Todo depende siempre de la persona. Nosotros tenemos nuestras obligaciones como religiosos, nuestro carisma fundamental en la orden del Carmen es la oración. Santa Teresa decía que el Señor andaba hasta entre los pucheros, por lo que un hombre de oración debe estar disponible para todo. Tu vida de oración debes comunicarla enseñando religión, sobre todo, historia, matemáticas o la asignatura que te encomienden. Cuanta más vida de oración tengamos, más oración ponemos en el trabajo que tengamos que realizar, ya sea en un colegio, en una parroquia o en otra actividad.

–¿Es bueno para el colectivo docente el hecho de que los colegios religiosos estén en estos últimos tiempos en el ojo del huracán?

–De todos los acontecimientos que se viven saco siempre la lección positiva. Si el ambiente actual no es muy favorable a los colegios religiosos es cuando tenemos que dar la cara con lo que decimos que sentimos y vivimos. No debemos amedrentarnos, porque momentos más difíciles se han vivido y se han superado. Ahora es un momento ideal para manifestar nuestras creencias con el convencimiento de lo que decimos confesar.

–¿Esta agitación externa afecta a los alumnos?

–Los niños, sobre todo los mayores, están al tanto de todas las noticias. En los cursos en que doy clase no he notado nada. Se han identificado con el colegio al que quieren de verdad.

–En la polémica por la asignatura de Educación para la Ciudadanía, los centros religiosos han mantenido una postura distinta a la defendida desde la Conferencia Episcopal Española.

–He visto los programas y estoy convencido de que las asignaturas dependen de quién las dé. Se ha levantado mucha polémica por Educación para la Ciudadanía y, sin embargo, un profesor de historia o de filosofía puede enfocarlas según su ideología y no se ha levantado nunca polémica por esas asignaturas y, sin embargo, se dan sin problemas de ningún tipo. Tenemos que ser objetivos y educar buscando siempre lo mejor para el alumno y para la sociedad, y no crear polémica sino estar dispuestos a mantener nuestros valores.

–Con su perspectiva de religioso y de docente, ¿cómo cree que se puede desenmarañar esta situación?

–Lo que veo para el futuro es que los centros religiosos tienen que mantener su ideario, respetar lo que nos dice la Constitución sobre la libertad de enseñanza, que sean los padres quienes decidan el tipo de educación que quieren para sus hijos. Los centros se clarificarán y los habrá católicos, como el nuestros, con un estilo especial que marca dentro de la Iglesia la orden del Carmen. Habrá también centros que no toquen el tema religioso para nada. Ahí la responsabilidad será siempre de los padres. Pienso que es bueno que se clarifiquen las posturas, que seamos honestos y honrados, y si queremos formación cristiana para nuestros hijos, habrá que buscar el mejor centro que se adapte a nuestra forma de ser y de pensar.

–¿Cuáles son las señas de identidad de este colegio del Carmen?

–Soy lo que soy. Y he llegado a ser provincial porque antes he sido alumno del Carmen. Lo que más me llamó la atención es el estilo de educación desde la libertad para la responsabilidad. Ningún fraile de los que tuve como profesores me insinuó que me hiciera fraile. Fue una decisión voluntaria. Quería estudiar Agrónomos aquí en Córdoba y de la noche a la mañana opté por este camino porque fue el que me ilusionó al ver cómo trabajaban los frailes que había entonces. Esa línea se ha mantenido a lo largo de los cincuenta y tantos años de historia del Carmen. Siempre respetar la libertad, ser conscientes de que tenemos que ser responsables con lo que se nos da y, en el terreno de los conocimientos, intentar que los alumnos no estén sólo para estudiar sino para saber desenvolverse en la sociedad.

–¿Qué papel juega la religiosidad popular a través de las hermandades en nuestra sociedad?

–Tengo la experiencia de Andalucía, fundamentalmente. Si me gusta el mundo de las cofradías es porque veo que hay una posibilidad de trabajo inmenso. Las hermandades, hoy en día, arrastran muchos jóvenes y te dan la posibilidad de trabajar, no sólo en este colegio donde hay 1.400 alumnos, sino en nuestras casas, de trabajar con gente joven a lo largo de todo el año. Lo que caracteriza a las hermandades del Carmen es que hay actividad a lo largo de todo el año. Hoy día, la gente joven está muy vinculada a las hermandades, ya sean de penitencia o de gloria.

–¿Está ya superado el cliché que arrastraban desde el Concilio las cofradías de ser un subproducto religioso?

–Con las que tengo trabajo, por supuesto que sí. Son miembros activos de la Iglesia y, como todos, necesitamos actualizarnos y vivir nuestra religiosidad desde dentro y no sólo durante unos días al año.

–Ésta es una de las asignaturas pendientes: la formación. ¿Qué se puede hacer?

–Lo digo siempre que me toca predicar: que la cofradía debe vivir todo el año. Hay que prepararse y formarse. No basta con la contemplación de las imágenes. Se quiere más a las cosas y a las instituciones cuanto más se les conoce. Hay que fomentar una catequesis para los cofrades en todos los aspectos y saber lo fundamental de nuestra religión, cuál es el papel del creyente en la sociedad actual. El vacío que se produce ahora en las iglesias es por falta de compromiso. De tal forma, si nos comprometemos con una hermandad lo hacemos con el fin que persigue esa hermandad, que no se otro que vivir el Cristianismo de una manera más seria.